lunes, 12 de septiembre de 2011
viernes, 9 de septiembre de 2011
martes, 6 de septiembre de 2011
Rinconcito en Madrid.
El Clarita es uno de esos lugares de Madrid en los que apetece repetir. (Estuve este domingo y ya quiero volver).
Una carta creativa, sin mucho para elegir pero muy cuidada. Lo mejor, los postres. (La crema de queso me dejó sin palabras).
El lugar es ideal para tomar algo de manera informal. Un local súper luminoso y muy acogedor, con una decoración resultona (flores, mueble rústico y cojines) que invita a tomar algo en compañía a cualquier hora, ya sea tapeo de día o copas de noche.
Parada obligatoria en la zona del Triángulo de Ballesta para encontrar ambiente con buen rollo, faranduleo y buena conversación.
Calle Corredera Baja de San Pablo, 19
Metro: Callao
Web Clarita
lunes, 5 de septiembre de 2011
El primer día.
Al principio creí en algunas cosas
y creí que esas cosas eran importantes
así que luché por ellas, o con ellas, que es la mejor forma de luchar por algo.
O por alguien.
Al principio me llené de sueños porque no pensaba que los sueños pudieran ser un lujo.
Me llené de sueños y me dije: así, si los voy perdiendo, me quedará siempre alguno del que poder tirar.
En caso de desvanecimiento.
Al principio yo no sabía de qué color eran las mentiras.
A qué sabía la rabia.
Cuál era el significado último de ciertas lágrimas en ciertos ojos.
Ahora distingo de entre colores el gris, mastico amargura con los puños,
y he memorizado unos cuantos diccionarios de palabras
para explicar un lloro.
Ya no miro tanto al cielo, pero aún resisto en caminar mirando hacia abajo.
En época de cambios, miras tus nuevas paredes y piensas que no va tan mal,
repasas los teléfonos que no usas imaginando qué sería de ti si hubieras seguido llamando.
A ratos, te buscas excusas y haces un trato contigo mismo: mirar lo bueno del camino
para poder asumir lo malo.
Y extiendes las manos esperando que llueva de nuevo,
buscando el ácido pálpito de las dudas en la lengua.
Al principio era un cuento lleno de planos para palacios por construir.
Ahora fumo tranquilo en un piso alquilado y miro la papelera llena de folios rotos a garabatazos.
Ni me cuesta sonreir, ni no hacerlo me hace daño.
(Tayler Durden)
y creí que esas cosas eran importantes
así que luché por ellas, o con ellas, que es la mejor forma de luchar por algo.
O por alguien.
Al principio me llené de sueños porque no pensaba que los sueños pudieran ser un lujo.
Me llené de sueños y me dije: así, si los voy perdiendo, me quedará siempre alguno del que poder tirar.
En caso de desvanecimiento.
Al principio yo no sabía de qué color eran las mentiras.
A qué sabía la rabia.
Cuál era el significado último de ciertas lágrimas en ciertos ojos.
Ahora distingo de entre colores el gris, mastico amargura con los puños,
y he memorizado unos cuantos diccionarios de palabras
para explicar un lloro.
Ya no miro tanto al cielo, pero aún resisto en caminar mirando hacia abajo.
En época de cambios, miras tus nuevas paredes y piensas que no va tan mal,
repasas los teléfonos que no usas imaginando qué sería de ti si hubieras seguido llamando.
A ratos, te buscas excusas y haces un trato contigo mismo: mirar lo bueno del camino
para poder asumir lo malo.
Y extiendes las manos esperando que llueva de nuevo,
buscando el ácido pálpito de las dudas en la lengua.
Al principio era un cuento lleno de planos para palacios por construir.
Ahora fumo tranquilo en un piso alquilado y miro la papelera llena de folios rotos a garabatazos.
Ni me cuesta sonreir, ni no hacerlo me hace daño.
(Tayler Durden)
viernes, 2 de septiembre de 2011
Say Something Nice
Un altavoz en pleno centro de Nueva York para que todo el que quiera diga algo bonito.
Genial la iniciativa de Improv Everywhere para la exhibición Stillspotting nyc del Guggenheim Musseum.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Septiembre.
A todas horas
este extraño sentirse en cacería
esta rotunda sensación
de que vivir no es más
que estar siempre buscando
un tesoro latente
una llave escondida
una razón para el inmenso absurdo
de andar continuamente como un perro
que da vueltas y vueltas
en pos del infinito de morderse la cola.
2010, Juan Payeras
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